domingo

…Trataba de imaginar una vida que fuese diferente. Entre la desesperación y la normalidad ha de haber algún camino intermedio.
En el fondo, ¿por qué no decirlo?, envidiaba a aquellos que tenían una idea precisa de la vida, aquellos que nacen llevando un paraguas en la mano. Llueve, nieva, graniza y siempre están protegidos, no lo sueltan ni siquiera cuando luce el sol. Pero la envidia no era un resorte suficientemente poderoso como para dar el salto. Habría podido cerrar los ojos y zambullirme en una existencia cualquiera, aunque sabía muy bien que habría sido un salto de breve duración. A la satisfacción inicial habría sucedido una leve sensación de desazón. La incomodidad habría pasado de leve a cada vez más grande. En poco tiempo habría devorado a cualquier otra emoción, yo me habría sentido profundamente infeliz. Con la infelicidad habría llegado a la maldad. Detestarse y hacer daño a los demás son las dos caras del mismo sentimiento.
No tenía pasta de asesino, mi maldad habría sido menuda, mezquina: desaires, humillaciones, maledicencias, minúsculas canalladas. Después, aquella válvula de escape ya no habría sido tampoco suficiente. Haría falta otra cosa. En vez de una explosión, una implosión.
Veía claramente que gran parte de la infelicidad depende del camino equivocado. Caminar con zapatos demasiado apretados –o demasiado holgados- después de unos kilómetros empezamos a maldecir el mundo.
Lo que no tenía claro era por qué razón no se podrán escoger desde el comienzo los zapatos de la medida justa.
Caminaba aturdido por estos pensamientos, y así, sin proponérmelo, llegué al pabellón de los locos….

Lanzo en esta botella ciberespacial un fragmento del libro que han puesto en mis manos. Retrata muy bien a los naúfragos.
“Anima mundi” de Susana Tamaro

2 comentarios:

Marga dijo...

Yo también suspiro por unos zapatos a medida! y un camino sin piedras que se clavan y una montaña que escalar sin llagas... pero... hay lo que hay!! jeje

Besitosssssss al sol!!!

arenamovediza dijo...

tienes razón, como casi siempre, pero me hace mucha ilusión cuando me leo en palabras de otro, no se, es como sentirse menos naúfrago, supongo!. Creo que este libro te molaría.